Come de mi mano

– Come, precioso, llena tu barriguita. Tienes que alimentar a los pequeños. Me encanta verte tan alegre, amigo mío. Sujetaré bien la mano para que no te asustes.

Todos los días a media mañana, siempre que el tiempo o el médico lo permiten, Esteban sale al jardín de su casa para dar de comer a su mejor amigo, un jilguero salvaje. Desenvuelve el puño izquierdo repleto de alpiste y lo coloca a media altura, algo separado de su cuerpo. Es abril, la vida entona su mejor canción.

Esteban tiene 86 años. Su mujer se marchó hace 5 meses y pico, a ese lugar tan triste y lejano para el que todos tenemos que sacar billete de ida algún día. Apenas le queda familia, sólo un sobrino viene a visitarle de tanto en tanto, le trae modernidades de la ciudad y recibe algo de valiosa conversación. Pero Esteban no está triste; agradece todos los momentos vividos. Su mujer, Clara. Sus hijos, Patricia y Eduardo, que se fueron a otro mundo más próspero. Sus amores y desamores, veranos e inviernos, risas, llantos. Ahora espera a ese joven amigo con plumitas de colores.

Acude como un reloj. Sus patitas de alambre le hacen cosquillas en la punta de sus dedos arrugados. El joven pájaro se balancea arriba y abajo, moviendo su cabeza a un lado y a otro de vez en cuando, haciendo que a Esteban se le escape una sonrisa medio jocosa medio satisfecha. Soy feliz, piensa. Ahora es ahora. Qué mejor que haber vivido estas pequeñas grandes cosas.

-Adiós amigo, te espero mañana.

Esteban falleció pocos días después.

ABRIL, AÑO SIGUIENTE

Cerca del jardín, ya abandonado a su suerte, un árbol frondoso, iniciando un mar de hierba, alberga vida menuda pero refulgente. Clamando futuro.

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En sendos aleros de la cruz de una tumba están posados 2 jilgueros. “Clara y Esteban” reza más abajo. Está amaneciendo.

Almitas pacientes esperan ver la primera luz del día, en buena compañía.

 

Carduelis

 

 

 

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Grey Christmas

Es nochebuena y estoy solo. Es una noche como ésta y te echo mucho de menos. Mi villancico es tu voz grabada en la cinta del contestador, la escucho y re-escucho hasta la extenuación. En el piso de arriba un colchón de muelles es puesto a prueba con tesón, pero no es mi guerra.

Sobre un taburete tengo mi festín de gala: una botella de cava benjamín, un precioso vaso de plástico amarillo y un donut. Y una bolsa de pipas sin sal para la velada posterior. He comprado un gorro de papá noel en el chino, pero no me lo he puesto al final.

Saco mi cartera, extraigo tu foto del compartimento secreto, ya desgastada de tantos besos y lágrimas. Me apetece besarte y llorarte de nuevo. Lleno mi vaso, lo acerco a tu yo de papel, a mi todo.

-Feliz navidad, cariño mío.

A lo que esto nos lleve

Velas, incienso, 2 copas de vino, rojo pasión. Sendas cremas de marisco y una ensalada griega sobre la mesa. Se respira emoción, percibo cómo la exhalas de tu vientre, acompasada. Hablamos de mil y una cosas, la curva de tus labios me desarma una vez más. Me pides la sal, te la entregaría en una bandeja dorada con nuestros nombres y un corazón en el centro.

Chocamos nuestras copas de Cosmopolitan. Esta noche tenemos mucho que celebrar.

Llevas un vestido de encaje de color rosa pálido, que perfila tus contornos. Te sabes bella, especial. No te equivocas.

Nos miramos fijamente. Nuestros ojos hierven como las olas del mar enfurecido luchando en vano contra su propia fuerza. Quiero notar tus labios en los míos, entregarme a ti, cada célula de mi cuerpo quiere. Unir lo que desde siempre estuvo separado por universos y circunstancias adversas.

Caemos juntos, a besos encadenados y sedientos, dentro del pozo de luz sedosa que es el deseo sin medida. Se nos escapan lágrimas acumuladas, de amor gritado sin voz, como jamás podría abarcar cupido con todas las flechas de su carcaj.

Te dejas desnudar. Queda toda una noche con dos protagonistas. Desabrochas, contando uno a uno, los botones de mi camisa. Ya sólo quedamos tú y yo, puros. Almas abiertas en busca del fin del mundo, del uno absoluto.

Bajo por tu cuerpo. Nos complacemos mutuamente, bocas explorando valles y montañas, con sus cumbres y oquedades, prados con rosas escondidas, esperando entregar su fragancia a quien las aprecie.

Rescato la aceitera de la mesa, recorro con oro fundido la suavidad de tus curvas. Tu rostro me desvela estremecimiento, casi tanto como mis ojos viéndote encendida.

Entro en ti. Acaricio tus mejillas mientras danzamos. Sabemos movernos a ese maravilloso ritmo, deseándonos sin medida hasta que el paraíso nos encuentre, juntos, enlazados y profundamente enamorados, demostrando cuán apasionados sabemos ser si la casualidad decide encontrar a las dos mitades del mismo todo.

Lleno la bañera y tú esparces pétalos de rosa. Nos acomodamos. Me quedo dormido, recostado en el mejor sitio del mundo. Tú.

No sé si te volveré a ver, cariño mío, mañana, pasado o nunca. Por si acaso guardaré tus fotos y tu recuerdo en lugar seguro. Cuando me llene de arrugas y vida pasada, cuando le dé de comer pan seco a las palomas, volaré muy alto, con tu sonrisa besando mis labios.

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Poesía a mi primer amor

Amor, tú que me atrapas

con lazos de terciopelo

noto que me llevas, sin saberlo

a un paraíso escarlata.

Rosa, que guardas la escarcha

oculta mi alma entre velos

que no se la lleve el viento

ni la fuerza de las aguas.

Contigo amor, no tengo miedo

tu presencia ya me basta

porque tú me das calor.

Ni con la fuerza de mazas

que me rompa el corazón

ni aunque tú me digas No

dejaré de decirte Te quiero.

Pese a que ya es invierno

Pese a que ya es invierno, que el verano ya se ha ido

quiero recuperar la playa, la playa de tu espalda,

en la cama bajo el frío.

Bajo una cálida manta, con tu cuerpo y con el mío.

Que muchos meses aún faltan y los esperaré calentito.

Que estrellas las noches tienen, en invierno y en estío.

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Años de amor perdido

Olía a jazmines en ese atardecer en el que te pedí que bailaras conmigo.

Un apuesto pianista tocaba un nocturno de Chopin, ensalzado con tintineos de copas de champagne invocando a los buenos deseos.

Nos conocimos cuando aún éramos demasiado jóvenes como para predecir las consecuencias de las malas decisiones. Estabas enamorada de mí, pero ni siquiera sabía si yo también lo estaba, si me quería. En aquél banco frente a tu portal te perdí, tras un no con sabor a ajenjo hervido. El destino desde entonces nos embarcó hacia orillas opuestas del mismo océano de la vida.

Hasta ese atardecer con aroma de jazmín y ángeles tocando el piano.

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Un chico con traje claro y camisa oscura le pide al pianista que toque una balada. Cuando apenas comienzan las primeras notas mi existir sólo tiene un objetivo. Empiezo a caminar por el césped; hubiese querido hacerlo descalzo, pero así son los buenos modales. Tú estás apostada en un muro con motivos andaluces, y mi corazón quiere salirse del pecho. Te veo, te miro. Me ves pero no me miras.

-¿Bailarías conmigo?

-Después de tantos años… lo siento.

Quiero borrarme de la existencia, llorar, pero algo en mi interior impide condensar una sola lágrima. El mundo es un manchurrón gris delante de mis ojos, los sonidos de fondo se me antojan sierras mecánicas rasgando el plomo. Pero una mano se posa sobre mi hombro. Es cálida y sumamente agradable. Giro sobre mis pasos. Vuelvo a ver a aquella chica, pero ya no es tan joven. Pero a mí no me importa.

Poso mi brazo sobre tu espalda y tú haces lo propio. Noto tu sutil perfume. Advierto que el pianista nos está mirando con una sonrisa especial. Esta canción es nuestra; quien la escribió no lo sabía. Nos mecemos en un sublime abrazo, al ritmo de los años perdidos, con tus labios tan cerca de mi cuello y con mi alma tan cerca del cielo.

Y a la luz de las estrellas, tumbados en la hierba, nos besamos, nos acariciamos por primera y única vez. Empiezan a caer gotas de lluvia multicolor. Fucsia, verde azul, naranja, rosa.  Negro.

Suena el despertador.

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Amiga de los años perdidos. Amiga adolescente retomada en mis recuerdos. Espero que a la mañana siguiente acojas en tu pecho aquellas flores que nunca te regalé. Que leas enamorada la nota que nunca te escribí, que percibas el aroma de la cama en la que nunca te amé. Cruzaré el portal de mis malas decisiones para acudir a la floristería más cercana, y hacer existir lo que nunca fue. Lo que siempre será. En tu corazón y en el mío.

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