Saltando los charcos de lo malo entre la verde hierba de lo bueno. Habrá caminos más tranquilos, o mejor aún, calzados más adecuados, al otro lado de las colinas del miedo.

Para todo. Para siempre. Y si ésta, la senda, se acaba, en esa maldita frontera del fin de todo, a buen seguro que me encontraré con mi propio reflejo. Y me miraré. Y sonreiré. Eternamente. Una vida vivida. Adiós. Quizá hola. Si renazco en algo: una ameba, una hormiga, una mota de polvo pretendiéndose instalar bajo un sofá, entonces todo se entrelazará para buscar un sentido. Una nada con ambición de algo más que la oscuridad.

Siempre tras la luz.

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