Aroma a vino rancio y madera vieja. Idas y venidas de almas curtidas por los dados del designio. Lágrimas secas, historias bañadas en el chato del olvido. Salitre en la brisa de las callejas, camisas sucias con franjas horizontales de mar y espuma.

EL MARINO Y SU NOVIA

– ¡Tabernero, ponme una copichuela de ron añejo!. ¿Qué quieres, cielo?
– Una pinta. Y berberechos.

La fragata, anclada en el muelle 7, separará a los enamorados durante muchos meses, hasta que él cumpla su noble misión en ultramar.

CELESTINO EN SU SITIO DE SIEMPRE

– Sisco. Lo de siempre.
Sisco le sirve un chato de priorato. Y unos cacahuetes bien tostados.

Durante muchos años, desde que Celestino perdió a su mujer entre docena y media de faldas, ha aprendido lo que es la absoluta fidelidad, siempre en el mismo lado de la barra.

TODOS

Entra un turista extranjero, preguntando por el water close. Al fondo a la derecha.

Al tabernero se le ocurre una extraña idea. Entra en la despensa y acarrea con un gramófono. Nunca ha sabido porqué ha estado siempre estorbando ahí, entre el whisky y la soda. Lo coloca a la vista de todos. Los clientes y el foráneo observan atónitos.

– ¡Señores, señora!. ¡Qué carajo!, bailemos por lo bueno de esta vida. Vaya a ser que no haya otra.

Le da cuerda al gramófono y empieza a sonar la orquesta.

La novia con Celestino, el marino con el guiri y el tabernero con la escoba.

Moraleja: vive, que el barco ya está zarpando.

https://www.youtube.com/watch?v=d-EwvvZWwbg

LaTabernaDelPuerto_2

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