Él se abofetea con su aftershave favorito. Le encanta el frescor, el viril perfume que le deja en la cara.
Dibuja un corazón en el espejo empañado, con una inicial en el centro.

Ella da los últimos retoques a su maquillaje. Se sabe bella y sonríe.
Dibuja un corazón en el espejo empañado, con una inicial en el centro.

Él se pone su mejor traje (es la segunda vez que lo hace).

Ella se pone su vestido azul cielo, el mismo que lució en la boda de su hermana, unos cuantos años atrás.

Ambos asistirán, por separado, a una ceremonia. Una ceremonia sin invitados; solos ella y él.

Aún vaga la oscuridad por el paseo marítimo, salvo la luz mortecina-anaranjada de las farolas. El caballero, más que caminar, saborea cada paso que da. Su corazón, tantas veces herido, perderá por un día sus cicatrices. Hay un banco, entre tantos, que es especial. Sólo se sentó en él una vez, al lado de ella.

El ruido del autobús de linea le hace girar su mirada hacia la derecha. Poco después, la forma de una solitaria dama azulada se va perfilando.

Ambos, sentados muy juntos en el banco, con sus hombros rodeados por el brazo del compañero y sus cabezas mútuamente apoyadas, dirigen la vista hacia el horizonte, esperando.

Tímidamente, el negro se va tornando azul. Dos gaviotas, con el buche vacío, vuelan y cantan marineras en busca del desayuno…

… y la limpia silueta del sol se comienza a dibujar.

– No olvidemos nunca este momento.
– Nunca, tesoro. Nunca.

Lágrimas.
El último beso.
De puro amor.

Nunca más volvieron a verse. Ella tuvo 2 hijos y 4 nietos, él sólo una hija. Le puso el nombre de su doncella. Porque la vida pasará, pero su efímera y secreta historia siempre estará presente en los destellos de cada amanecer, para esfumarse tras el ocaso.

https://www.youtube.com/watch?v=AR0-ge-aErE (Ennio Morricone – Addio Monti)

Celebracion_Foto

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